Nadie duda que la remodelación del bulevar de Sabana Grande fue la única obra que la revolución bolivariana le regaló a Caracas para el Bicentenario de la Independencia. Sería mezquino no reconocer que el paseo quedó espectacular, lo que resulta una buena opción para los capitalinos carentes de plazas y jardines.
Pero que el transeúnte tenga que agradecer esta acción con la imagen de Hugo Chávez en cada esquina, resulta inaceptable porque reedita a nivel de un jalabolismo exacerbado el culto a la personalidad.Foto: Saúl Uzcátegui/TalCualDigital
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