jueves, 3 de diciembre de 2009

La derecha y la izquierda/VenEconomía 03Dic09



Por: VenEconomía 03Dic09
La mano izquierda del Gobierno está desbaratando lo que hace su mano derecha.
La mano derecha del Gobierno la detentan Sudeban y el Banco Central, quienes están procediendo con toda cautela a fin de evitar que la intervención de los cuatro bancos de Ricardo Fernández Barrueco terminen contaminando a otros bancos del sistema. El problema es que sus plausibles esfuerzos están tropezando con dos piedras de tranca.

La primera, la menor, es que los gerentes de diversos entes públicos estarían retirando los depósitos que tenían en la banca privada, a fin de evitar que se les acuse de favorecer a la oligarquía.
Hasta aquí, no habría motivos para mayor preocupación, pues tanto Sudeban como el Banco Central estarían allí para atender cualquier contingencia de iliquidez transitoria que pueda surgir. De allí que ese problema no pasaría a mayores, pero lamentablemente la cuestión no se para allí.
La segunda piedra de tranca, y la de mayor repercusión, la pone la mano izquierda, la cual es la del presidente Hugo Chávez, quien estaría torpedeando el trabajo de Sudeban y del BCV con su verborrea beligerante y violenta de siempre.
En su intervención del miércoles 2 de diciembre, Chávez denunció la existencia de rumores malintencionados que buscaban desestabilizar al sistema bancario. Pero, en vez de tranquilizar los temores de la población cometió el error de retomar su retórica de amenazas, aclamando que tenía a otros bancos en el radar y que, si fuese necesario, no le temblaría el pulso para intervenir a toda la banca privada. Con esta arenga lo que el mandatario consigue es crear más incertidumbre y preocupación en la población.
Lo mejor que podría hacer el Gobierno es tomar cuatro medidas interrelacionadas:
Primera, el mandatario y sus autoridades financieras, deberían manifestar de manera categórica que el Estado respaldará con sus depósitos para ayudar a la banca a superar eventuales problemas de iliquidez en las instituciones bancarias.
Segunda, el Gobierno podría garantizar la totalidad de los depósitos de la banca, más allá de los Bs.F.10.000 que contempla la Ley, de manera similar a como lo hizo el Sistema de Reserva Federal (FED) de los Estados Unidos, cuando estalló la crisis financiera en ese país el año pasado.
Tercera, el Estado podría propiciar que un banco grande y sólido absorba a un banco pequeño, cuando este último tenga problemas serios de solvencia, según criterios técnicos de Sudeban.
Cuarto, el Gobierno debería tener presente que la estabilidad del sistema financiero depende de la confianza que genere, y de allí que su responsabilidad es no atentar contra ésta con un mensaje belicoso.
Es imposible en este momento predecir cómo se seguirá desenvolviendo esta problemática durante las próximas semanas y meses.
Aún así, es oportuno puntualizar que el sector financiero de Venezuela no está sufriendo una crisis sistémica. El sistema, en general, está solvente y bien administrado. No se está frente a una reedición de la crisis de 1994, ni se vislumbra en el horizonte un efecto dominó

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