martes, 23 de agosto de 2011

Un cuarto bate


Por: Teodoro Petkoff/TalCualDigital
El lanzamiento de la candidatura de Pablo Pérez para las primarias de las fuerzas democráticas opositoras viene a dar su forma definitiva a esa competencia.



Ahora el line up está completo.

Los electores del ya enorme universo opositor tienen así la oportunidad de escoger a aquel candidato que consideren más apropiado o apto, para la dura tarea que le espera al vencedor de ese torneo, entre un elenco variado de opciones, emblemáticas todas de la tenaz y valiente lucha que ha sostenido la mitad de este país contra el rampante autoritarismo de Hugo Chávez y su control autocrático del poder.

No hay improvisados ni paracaidistas entre los candidatos.

Cada uno tiene sus especificidades y su modo de decir y hacer las cosas, pero todos poseen un denominador común: el coraje, que, como decía Winston Churchill, es la más importante de las virtudes porque es la que sostiene a todas las otras. El país, completo, adversarios y partidarios del gobierno, espera un debate abierto y serio, desprovisto completamente de golpes bajos y de ataques personales y arteros. Las fuerzas democráticas tienen que hacer visible en su propio comportamiento, en el inevitable debate que debe producirse, que se saben partes de un todo unido, y al final, puesto que uno solo habrá de ganar, todos los demás competidores y las fuerzas políticas que los sustentan en la campaña, deberán apoyarlo, sin que ese apoyo luzca hipócrita o forzado porque pudiera estar lastrado por heridas difíciles de sanar cuando provienen de una "guerra sucia".

La unidad democrática tiene que demostrar en los hechos que no es una ficción ni un acuerdo de mochos que se juntan para rascarse sino un propósito estratégico, que va más allá de las elecciones. La razón es obvia; derrotar a Chávez ya luce no sólo matemáticamente factible sino que si la unidad se mantiene, amplía y fortalece, también ello se hace políticamente posible. Pero ése no es el final del camino sino muy probablemente el comienzo de uno no menos arduo que el seguido hasta ahora: gobernar un país devastado por la marabunta chavista, pero que ejercerá el rol, democráticamente impuesto por el pueblo, de oposición. Una oposición con recursos institucionales, políticos y económicos de gran magnitud, con un líder que derrotado y todo conservará, sin duda, apreciables grados de respaldo popular. En esas condiciones, la unidad democrática no puede darse el lujo de romperse.

Pero por ahora, lo importante es que las primarias salgan bien y refuercen la confianza de los millones de venezolanos que ya están hartos de esta pesadilla y de aquellos que comienzan a dejar de verle sentido a un gobierno que los ilusionó para posteriormente engañarlos y estafarlos políticamente.

Por lo que respecta a la candidatura de Pablo Pérez, no hay duda de que su presencia, según el criterio muy personal de este editorialista, que no compromete al diario como tal, aporta al equipo un cuarto bate. Inteligente, con ideas claras y una elocuencia sencilla y conciliadora, que nunca pierde de vista tender puentes hacia el mundo chavista sin parte del cual es muy difícil la victoria­, con un estupendo ejercicio en la Gobernación del Zulia y ubicado en el cuadrante progresista del espectro político (dato nada despreciable en un país donde parte del electorado está marcado por la añagaza de que Chávez es de izquierda), la candidatura de Pablo Pérez podría darle al país el líder nacional que las circunstancias exigen.

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