miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sobre el cerebro chavista/Editorial TalCual miércoles 17sep14

La causalidad es categoría fundamental del pensamiento, es decir, el vínculo de un fenómeno con aquello que lo engendra o modifica.


El tema que nos ocupa y preocupa es la manera muy peculiar en que el cerebro chavista busca esas causas (Aclaro que afortunadamente no todos los chavistas tienen el cerebro chavista, muy abundante, sí, entre sus líderes).

En general es particularmente reductivo.

Puede remitir tranquilamente todas las cosas torcidas que suceden en el mundo, que son infinitas, a una sola y única causa, el Imperio. Si se caen unas matas de coco en Paraguaná esto es producto del cambio climático que se debe al espíritu depredador del capitalismo que, por supuesto, lideriza el Tío Sam. Si la economía nacional está hecha una pocilga es a causa de una guerra económica cuyo cuartel general está en ese reino del mal. Si el discípulo amado Isea se cogió un realero se debe a las toxinas capitalistas que no logró superar y es evidente quién es su mayor inoculador. Y así sucesivamente. Esta manía paranoica les permite justificar su desastrosa manera de manejarse en el mundo y encontrar un chivo expiatorio al que deben perseguir ciegamente las masas sojuzgadas. Y los hace esencialmente mentirosos, a no ser por el principio elemental de que el mundo es obviamente algo más complejo.

Hay veces que son tan estrambóticas sus manifestaciones que merecen ser subrayadas para que algún aturdido logre ver el mecanismo primitivo y se lo sacuda. Por ejemplo, la semana pasada la señora Fiscala señala que se están produciendo en el país crímenes monstruosos, “extraños” (cadáveres mutilados, asesinatos intrafamiliares, niños victimados, muertos de veinte balazos, duelos mortales por quítame esta paja, etc.). La Fiscala alude al sujeto que mató a sus padres, hirió a su novia y se suicidó. O el cojedeño que asesinó a cuatro mujeres, las enterró en su patio e igualmente se quitó la vida.

Experiencias sin duda conmovedoras. Ahora bien, la funcionaria da su explicación, dice: “Indudablemente que yo pondría como primer lugar en la incidencia de esto al ataque que le tienen al Estado venezolano, no solo a nivel internacional sino nacional.

Venezuela ha sido víctima de agresión en especial a nivel internacional. El ataque de que en Venezuela se violan Derechos Humanos, de que no hay acceso a la educación, cultura, al deporte, vivienda y alimentación. Un ataque para descalificar no solo a las instituciones sino a sus habitantes” (El Universal, 10-9). Diga usted, lector, si encuentra alguna relación causal imaginable entre esas denuncias mediáticas, por demás verdaderas, en buena parte aceptadas por los chavistas, y el espantoso parricidio. Dele vueltas. El asesino lee sobre la escasez o se entera del maltrato de la guardia nacional con los estudiantes y, necesariamente, decide salir de sus progenitores y terminar con sus días. Pues no, no suena, por vueltas que se le dé, ni utilizando la más delirante imaginación.

Seguro que la Fiscala quería mezclar a cualquier precio esa descomposición nacional con los medios críticos, especialmente a “nivel internacional”, lo que suena a agencias gringas, declaraciones “injerencistas” del Departamento de Estado, conspiraciones mayameras y similares. El Imperio, de nuevo, y sus lacayos endógenos.

Semejante irrespeto al sentido común y a la lógica más elemental indica a dónde estamos llegando en la decadencia del pensamiento de quienes nos gobiernan y juzgan.

Sería cosa de decretar una suerte de estado de emergencia en lo que toca a la capacidad del pensar oficial. Proposición, seguramente, de evidente inspiración imperial.
Cort. TalCual

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