jueves, 23 de junio de 2011

Silencio y pranes

Por: Fernando Rodríguez/TalCualDigital
A los regímenes despóticos les es consustancial el manejo de lo que se debe y no se debe saber, es parte esencial de su despotismo, del instrumental para domesticar a sus súbditos. Se manifiesta en su odio por la libertad de expresión, la crítica opositora... la democracia, pues.


Una de las formas más simples de esa disposición es el silencio: cerrar permanentemente las fuentes de información, ignorar las solicitudes de la opinión pública por conminantes que sean, dejar pasar atrocidades como si no existiesen. Que el país no sepa, diez días después, qué es lo que realmente acontece en el abdomen de Chávez es de una mala educación con el colectivo patrio que tiene pocos parangones. Lo que abre, efecto bumerán inevitable, los derrapes del rumor y las bolas de cristal.

Hemos oído desde que un grupo de babalaos está dando una lucha frontal y decisiva contra el Inca Valero que se lo quiere llevar al más allá hasta, Rafael Poleo dixit, que está sintonizando nuestra economía con la cubana y sus nuevos rumbos hacia el degredo capitalista, pasando por las más variadas y contradictorias enfermedades. De más está decir que los grandes temas nacionales se manejan escondidos, nada es perfecto, eso al menos es vox populi.

Pero a veces el silencio no funciona, por ejemplo cuando se movilizan cinco mil efectivos para asaltar una cárcel y someter unos presos, una de las batallas más egregias de nuestras fuerzas armadas de que se tiene recuerdo. Entonces entran los pranes del chacumbelato en acción, sujetos que manejan sus propias leyes y no se paran en ningún procedimiento, como sucedió ayer en la Asamblea Nacional. Como se sabe ésta está sometida a variadas normas del silencio señalado: ni medios radioeléctricos ni periodistas tienen acceso al augusto recinto, la televisión parlamentaria le está vedada al 40% opositor (diputados electos con el 52% de los votos), las sesiones e intervenciones han sido reducidas al mínimo, etc. En ese sentido, el martes se lucieron censurando: ni imágenes ni audio, un conato de reyerta, para que no se viera la pugnacidad de la oposición, suponemos.

Ahora bien, la operación fue expedita y extravagante a más no poder. Quienes durante doce años han manejado las cárceles con tal desatino que éstas se han convertido en territorios liberados y armados y ante la amenaza de que se produjeran regularmente pequeñas guerras civiles con decenas de muertos inocultables, como pasó en El Rodeo hace unos días, y llevaron a cabo el heroico y políticamente muy peligroso operativo decidieron que los culpables de la situación eran el capitalismo, los desestabilizadores de siempre, la cuarta república y, he ahí el plato fuerte, los diputados y los medios que habían señalado las responsabilidades y los abusos cometidos en la batalla y que de bían ser severamente castigados, hasta con la supresión de la inmunidad y quién sabe con qué sanciones a los medios. Al parecer lo lograron muy parcialmente; por ahora, pero vociferaron su humanismo socialista y su amor al pueblo manifiestos tanto en su prolongada política penitenciaria y sus peculiares efectos, como en la aparatosa acción redentora.

Cuando redactamos estas líneas la batalla continúa contra las fuerzas del Mal.

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