domingo, 20 de julio de 2014

Agonía cambiaria

GERVER TORRES |  EL UNIVERSAL
La situación cambiaria del país ha venido a representar con gran fuerza y casi perfección el drama en que se encuentra el régimen venezolano en materia económica: si no hace las cosas que debe hacer, colapsa; y si las hace, se quiebra. Los aprendices de brujo de la economía han venido descubriendo que el modelo que montaron no tiene salida; que se necesita abandonarlo totalmente, replantearlo, sustituirlo por uno radicalmente opuesto.
¡Tamaño descubrimiento! Luego de múltiples intentos, todos fracasados, de estabilizar el tipo de cambio, estos personajes han comenzado a entender que el problema cambiario no es solo cambiario; que para resolverlo se necesitan políticas fiscales, monetarias, reformas estructurales de distinto tipo, contrarias a lo que han venido haciendo o promoviendo. Ellos ya lo han entendido y en conversaciones privadas con empresarios y asesores internacionales lo reconocen. Pero de allí no pueden pasar. ¿Cómo se lo dicen al resto de la nomenclatura? ¿Cómo se lo revelan a todos aquellos compañeros de aventura a quienes les dijeron que ellos estaban en control de la situación? ¿Cómo le explican a Aristóbulo que él no puede hacer ya más el tipo de declaraciones de política cambiaria que acaba de hacer; que tendría inclusive que retractarse?

Y si la nomenclatura, en medio de la desesperación que les produce ver el barco hundirse, llegase a comprender la situación en que se encuentran, ¿cómo se lo explicarían luego a sus bases políticas y sociales? ¿Quién tiene en el régimen el liderazgo y la claridad para hacer eso? No pueden, no tienen cómo hacerlo. El desenlace más probable será otro adefesio de política, que se sostendrá por un tiempo aún más corto que los anteriores y que hundirá más la economía. En la agonía, tal vez otros personajes del régimen huyan y escriban sus cartas, explicando lo inexplicable, lavándose las manos, contándonos todo lo que advirtieron justo a tiempo, antes de que el barco comenzara a hundirse.

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