lunes, 16 de abril de 2012

Populismos al fin

América Latina ya no es una madriguera de dictadores y con la excepción de Cuba, la región se beneficia de regímenes democráticos. Es el caso de Chávez, el de Evo (en Bolivia), y su esencialismo popular

PAULA VÁSQUEZ/TalCualDigital
América Latina ya no es una madriguera de dictadores y con la excepción de Cuba, la región se beneficia de regímenes democráticos. La cuestión democrática es transversal en el continente.

Pero la democracia no es apreciada por todos. Para los que se definen como puros y originarios, la democracia no es un logro sino una traba para darle el poder al "pueblo".

Siempre pertinente en sus análisis políticos, el mexicano Roger Bartra señalaba en 2003 que las izquierdas continentales digirieron mal las llegadas de las democracias.

Subestimaron y menospreciaron el hecho. Se quedaron fuera pues, rezongando porque en varios casos la democracia llegó de manos de la derecha. La izquierda apostó, nos dice Bartra, al retorno de los populismos. Ya que no se puede hacer la revolución, la izquierda se dedicó pues a construir sujetos populares puros y criticar los cuerpos intermediarios y a las instituciones.

Venezuela es un caso de escuela de este fenómeno. Por ejemplo, nos ilustra Bartra, el multiculturalismo y el indigenismo han sido utilizados por los políticos de izquierda para reivindicar al populismo.

Surfeando en la ola de lo políticamente correcto y del respeto a las diferencias tan en boga en el mundo anglosajón, los neopopulistas latinoamericanos han exaltado las identidades étnicas recuperando formas del más arcaico nacionalismo. Es el caso de Chávez, y su esencialismo popular. Es el caso de Evo en Bolivia.

Bartra nombró a este fenómeno el "zombi indigenista", que crea "franjas corrompidas y antidemocráticas y en algunos casos de claro signo reaccionario". Es muy loable pues la defensa de las culturas originarias, principalmente de las lenguas, eso no es lo que está en cuestión. El punto es que el nuevo indigenismo postula que la cultura occidental es el enemigo a vencer y que lo bueno es pues lo tradicional, visión sumamente conservadora de la sociedad. Bartra muestra además cómo el indigenismo, en nombre de un pasado mítico, más colonial que prehispánico, ha desembocado en movimientos profundamente conservadores y autoritarios.

Indigenismo que es pues, en resumidas cuentas, populista. Venezuela es quizás el caso de populismo más explícito de la región, en el sentido de fabricación de un pueblo, de una última y pura expresión de lo que es "un" pueblo. El giro a la izquierda venezolano lo que ha expresado es ante todo un profundo menosprecio por las instituciones democráticas.

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