jueves, 9 de mayo de 2013

El aluvión

El aparato del Estado y el candidato de la élite que lucha por mantenerse enchufado a él, han recibido una derrota contundente
SIMÓN GARCÍA/TalCualDigital
El aparato del Estado y el candidato de la élite que lucha por mantenerse enchufado a él, han recibido una derrota contundente.


La hegemonía que mantuvieron por años se resquebrajó y una parte significativa de su base política decidió apoyar electoralmente a Capriles. Un dato muy revelador sobre cuáles propuestas están uniendo al país.

Esos ochocientos mil venezolanos no cambiaron de causa sino de medios para llevarla adelante. Su desplazamiento hacia las fuerzas que encarnan una alternativa al modelo cubano, muestra una vez más las inconsistencias de una izquierda anacrónica, conservadora y que gobierna para imponer una absoluta sumisión al Estado sin suficiente contrapartida social o verdaderas soluciones a los problemas de la gente.

Detrás de este primer movimiento de liberación de un proyecto ideológico que se proclama revolucionario opera la inconformidad con un gobierno que recicla la pobreza, liquida la libertad sindical y la contratación colectiva o sustituye la democracia participativa por la concentración del poder en un sistema de cúpulas. También permanece un descontento diferido que existe en importantes sectores populares que se mantuvieron en la contabilidad oficialista para concederle una última oportunidad.

Si esas expectativas no son satisfechas a corto plazo el sector oficial puede quedar reducido a sus seguidores más fanatizados, al grupito de los privilegiados y a un sector todavía convencido de que están realizando sus ideales. Y no parece que el gobierno pueda hacerlo a juzgar por sus agresivos movimientos defensivos y por los pronósticos de más inflación, escasez, desempleo o inseguridad que van a generar las medidas coherentes con su modelo económico institucional.

En ese horizonte el asunto político decisivo pasa a ser que estos sectores, que condicionan silenciosamente su apoyo al gobierno, puedan encontrar en sus propios razonamientos y en la conducta activa de la MUD los motivos suficientes para respaldar el proyecto de país que está emergiendo bajo el liderazgo de Capriles.

Una conquista de esa naturaleza, además de asegurar cuantitativamente próximas victorias electorales, inaugura la formación de una nueva mayoría plural, democrática y progresista como nunca antes había existido en nuestra historia. Ya los primeros votantes que protagonizaron ese vuelco de estrategia abrieron una ruta que puede tomar dimensiones de aluvión.

No son los votos lo que más vale, aunque cuenten. Su agregado más significativo a las fuerzas que apoyan a Capriles reside en su visión sobre la justicia y la democracia. Un añadido de diversidad social, de representatividad y por supuesto de las mismas demandas que le formularon antes al régimen que ha entrado en declinación.

Si Capriles continúa actuando en dos tableros, su impugnación al régimen y su inserción en las luchas sociales que están proliferando, va a lograr la proeza de que esta Venezuela de las dos mitades comience a unificarse por debajo, reconociendo sus diferencias y respetando la inclinación política de cada quien. En ese nuevo clima de convivencia, la lucha para vivir mejor brindará resultados más sólidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario