miércoles, 25 de junio de 2014

¿Magnicidio?, magnicida Giordani

Por: Fernando Rodríguez/TalCual
La verdad sea dicha: ninguno de los magnicidios imaginarios que forjaron, entre otros guionistas, Maduro, Jorge Rodríguez o Rodríguez Torres, ni siquiera alcanzó a despeinar el airoso copete del que funge de Presidente de los venezolanos, de unos más y de otros menos, como exige la polarización (El diputado Andrés Velásquez, por ejemplo, tuvo que viajar a Caracas pidiendo colas, impedido de desplazarse en las líneas aéreas oficiales).


Tan es así que acusaciones y amenazas de feroces castigos, con contundentes pruebas en mano, se evaporaron en pocas semanas o hasta en días. Y no quedó ni el recuerdo. Debe ser el único país del planeta, y probablemente de la historia, en que cosas tan grandes, tan magnas, apenas dejan la estela de un mal programa televisivo. Pero así ha sido desde los tiempos del Eterno. Es más, el propio Maduro no sólo ha hablado de frustrados planes macabros sino que dijo a voz en cuello que uno, inmenso, probablemente ya se habría efectuado, el cáncer que le fue inoculado a Hugo Chávez.

Y no se olvide que al mismo Padre de la Patria le inventaron la especie de que lo envenenaron los oligarcas de ayer, ancestros de los de hoy. Digamos que parecen cosas propias del ser nacional, de nuestra idiosincrasia fantasiosa y vivaz, hermanos de la espuma que somos. Por supuesto el rating de estos truculentos eventos es bajísimo y se hace más bajo en la medida que se repiten.

Estamos seguros de que si algo perdurará del último, el del excitado alcalde de Libertador, es el extraordinario sketch de Luis Chataing que lo remeda, una verdadera pieza de excepción del mejor y más inteligente humorismo nacional.

Pero lo que sí es serio de verdad es lo de Giordani. Eso es candela pura. Plomo grueso, para acabar con el más pintado.

Tanto que sería arriesgado pronosticar que el agredido salga con bien de esta trastada. Que no se le vaya a incendiar la pradera del PSUV donde vivieron tan ordenaditos y en fila, por tres lustros, un montón de conciudadanos. El documento ya ha sido desmenuzado por gente muy acuciosa e incisiva, no queda sino recordar que es evidente que las acusaciones van mucho más allá de la política, de los señalamientos al mal gobierno, y tienen claras incidencias penales, como ya han señalado los muchachos de la muy revolucionaria Coordinadora Simón Bolívar, entre otros.

Y, lo peor del caso, es que no se le puede pegar muy duro al signatario, a lo sumo decirle traidor de refilón, porque casi tres lustros asesorando y tutoreando, explicándole a Mészáros al Comandante Eterno, hacen muy difícil darle a uno sin tocar al Otro, a esos ojos estáticos que nos miran y vigilan.

Es de creer que hay mucha gente, dentro y por supuesto fuera del chavismo, contentísima por la partida del gran hambreador de la comarca. Nadie medianamente sensato cree que se hayan acabado los malos espíritus pero en todo caso sí el gran culpable y el mayor obstáculo a la sensatez económica. Pero, igualmente, hay más de uno pendiente de hasta dónde llegará la onda expansiva de este auténtico incendio inducido en Miraflores. Que ahora sí es verdad que no es cuento, ni son vainas de Uribe u Otto Reich o de Arria y María Corina. No se pierda las incidencias del próximo Congreso de las huestes patriotas.

“Ya no es posible debatir entre cuatro paredes”, dice el PCV.

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