martes, 20 de abril de 2010

Jovencita que murió de anorexia dejó en escrito sus cinco años de agonía

Por Gonzalo Guillén/gguillen@elnuevoherald.com

Bogotá - Diana Rincón tenía 22 años, sabía a ciencia cierta que iba a morir pronto y a pesar de su cristianismo acendrado no temía un castigo por su comportamiento -ir al infierno. Por el contrario, expresamente quería salir de él y lo consiguió el 30 de octubre pasado.

Murió al final de una agonía de cinco años por anorexia, la cual documentó en un libro inédito de 100 páginas. Su madre, Adriana Urrutia, dos meses después del sepelio, lo rescató de la computadora de su hija única y esta semana pasada le confió los originales a El Nuevo Herald.
Adriana estima que a los 16 años, Diana fue tocada por primera vez por la anorexia, enfermedad emocional mental de creciente propagación en Latinoamérica que induce a la persona a dejar de comer porque por más delgada que esté, se sigue percibiendo con sobrepeso. Mata al 10 por ciento de las personas que la padecen, en su mayor parte jóvenes adolescentes.
Diana era la única hija de Urrutia, empleada de una escuela bogotana, y de Carlos Julio Rincón, pastor cristiano. Durante cuatro años continuos la calificación promedio de Diana en la facultad de diseño de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano fue de 4.85 sobre 5, y a los 13 años de edad conformó y lideró un grupo cristiano de 12 niños en el barrio bogotano Santa Isabel, de clase media baja.
"Ella no se la pasaba bailando ni quería ser reina de belleza'', aseguró su madre. "Era una estudiante brillante, sin ningún vicio, y sociable''.
Tan pronto se graduó de bachiller, Adriana llevó a su hija, entonces de 17 años, a comprarle ropa en el centro de Bogotá.
"Se probó una camiseta con tiritas y debió quitarse lo que se ponía debajo para disimular: se le marcaban todos los huesos y me puse a llorar'', recordó Urrutia.
En el libro, que Diana misma tituló "Saliendo del infierno", coincide con su madre: "De ese día en adelante, mi mamá ya no tenía dudas de que algo realmente serio estaba sucediendo'', escribió Diana.
Desde entonces transcurrieron cinco años de amarguras y efímeras esperanzas de recuperación de una enfermedad psiquiátrica semejante a la esquizofrenia. La víctima observa su cuerpo de manera distorsionada: por esquelética que se encuentre supone estar obesa. Se induce el vómito de manera constante y consume laxantes y purgantes hasta morir.
Diana Rincón se hizo célebre cuando dio su testimonio y expuso su cuerpo en un programa especial del canal de televisión RCN.
Otras jovencitas comenzaron a consultarla por internet y ella las aconsejaba.
"Ustedes no saben en lo que se están metiendo'', solía decirles a las que parecían estar más afectadas, recuerda la madre.
"Cuando enfermé me convertí en un mundo de mentiras y en la reina de la manipulación'', escribió Diana en su libro, escrito con sabiduría y una capacidad narrativa absorbente.
La psiquiatra Victoria Pérez y la psicóloga clínica Sandra Beltrán, cabezas del grupo científico Cambio Vital que atendió a Diana durante años y logró en varias ocasiones ponerla en vías de recuperación, le propusieron llevar un diario sobre su enfermedad. Esperaban que fuera un ejercicio terapéutico salvador.
Fue el germen del libro cuyos derechos los padres de la niña acaban de cederle a la casa editorial española Planeta.
"Cuando le propusimos escribir, queríamos que ella misma buscara argumentos para demostrar que la anorexia sí se cura y se puede sobrevivir'', explicó la sicóloga Beltrán.
"Llevo dos meses hospitalizada en la condición que para mí era la más patética a la que podía llegar: con una sonda para poder alimentarme y subir de peso de manera rápida y segura'', escribió recordando uno de sus más de 20 ingresos a hospitales y otros centros de salud, incluido un manicomio.
En una de aquellas ocasiones vivió "días desesperantes y tediosos: no tenía sino dos horas diarias de visitas y nada que hacer. Además, en una misma noche murieron mis vecinos de las camillas contiguas''.
La lectura de "Saliendo del infierno" muestra que Diana adivinaba la cercanía de la muerte pero luchaba por amor propio: "No quiero ser recordada como la niña que no pudo vencer la enfermedad y que murió en el intento, sino que quiero ser un ejemplo de vida y de valor al luchar y ganar la batalla''.
"Ella era muy disciplinada y muy fuerte de carácter'', comentó la psiquiatra Pérez. "También quería tener mucho reconocimiento''.
La distorsión con que ella se veía la llevó a negarse de por vida a usar un bikini, contó su madre. No obstante la frescura de su belleza juvenil, su lucidez y su inteligencia, la vida sentimental de Diana también fue tortuosa.
"Era obvio que ningún hombre se me quisiera acercar porque sentían que yo era demasiado frágil y enferma para entablar una relación, además del pésimo aspecto físico que tenía. Y ni hablar de mi sueño de tener una familia: hacía casi tres años y medio que no me llegaba el período menstrual'', se lee en su libro.
"Comprendí que esta enfermedad es un monstruo que consume la vida de muchas mujeres sin discriminar nada'', confesó.
El resultado de la autopsia de Diana dice que tenía empequeñecido el corazón y deterioradas la laringe y las vías digestivas. La masa muscular era ínfima. Las órbitas de los ojos estaban hundidas y tenía una osteoporosis semejante a la de una mujer de 55 años.
Cada vez sufría episodios de epilepsia más frecuentes y severos. En el último de ellos, cuando pesaba 99 libras y medía 5 pies y cinco pulgadas, estaba sola en casa, se golpeó la sien al caer y murió.
A medida que Diana avanzaba en la redacción secreta de su libro, comenzó a abrigar la esperanza de crear una fundación para ayudar a otras niñas enfermas que la llamaban en busca de consejo.
Muchas no saben de su muerte y continúan haciéndole preguntas por internet, que contesta la mamá, advirtiendo que es ella y no su hija.
"Es la misión que me dejó Dianita'', asegura.

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