lunes, 25 de julio de 2011

La cerviz de Luisa Estella


Nunca tanta ignominia –y mire usted que la ha habido– por los predios del Poder Judicial si es que puede llamarse tal a esta caterva de juecezuelos asalariados del tirano


Por: Enrique Ochoa Antich/TalCualDigital
No te bastaron, Luisa Estella, los numerosos gestos de obsecuencia y servilismo. Ni las trapacerías con la ley. No era suficiente que emitieras aquella opinión, digna de una antología de la ignorancia, según la cual la autonomía de los poderes es sólo una declaración retórica pues por encima está la voluntad única y total de tu amo, el jefezuelo del Estado.

Ni que mostraras cuán degradada ha llegado a ser tu “magistratura” (nunca las comillas han tenido más utilidad) al inventarte una vuelta, una picardía de leguleyo y picapleitos, para defraudar la Ley... de Emolumentos (en vez, en todo caso, de declarar por la calle del medio y a la luz del día su inconstitucionalidad si es que era el parecer del Tribunal: mostrarte jacobina, revolucionaria, comunista, no siéndolo, ¡cuánto cinismo!). Ni que a cada mandato del tirano cayeras de hinojos, obediente.

¡Claro que estamos felices por los presos políticos excarcelados y por el fin de la planeada tramoya contra Capriles! Pero... caramba, Luisa Estela, algo de pundonor, al menos de apariencia como se pedía de la honesta mujer del César, les faltaría a ti y a la dizque Fiscala.

Por cierto, que actúen con tanta diligencia a un solo gesto del autócrata, y dejen en libertad al menos condicional a decenas de presos políticos, sólo pone de bulto que éstos lo eran por sus indicaciones expresas, que eran presos de Chávez como hoy lo son quienes aún se encuentran tras las rejas. Y tú y Luisa Ortega meros carceleros, celadores en ronda.

Es que esto de que, oída ya ni siquiera la orden del tirano sino la resolución del partido por boca de Aristóbulo, te apresures solícita, imagino que nerviosa, anhelante, afanosa, además de obsequiosa, complaciente, diligente y regalada, a desdecirte de lo que dijiste porque no has dicho lo que sí has dicho, y eches para atrás el juicio contra Capriles Radonski a cuenta no de justicia alguna –que Capriles bien la merecía, por supuesto– sino de la instrucción que te transmiten los burócratas del PSUV, lo menos que da, señora, es risa.

Inclinas tu cerviz, Luisa Estella, no bajo el hacha del verdugo (como escribiera Bujarin antes de ser ejecutado), que sería acaso más digno, sino ante el nuevo capricho de tu amo. Inclinas la cerviz pero entre tanto sonríes mientras palpas el grosor de tu billetera.

Nunca tanta ignominia –y mire usted que la ha habido– por los predios del Poder Judicial si es que puede llamarse tal a esta caterva de juecezuelos asalariados del tirano.

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