jueves, 7 de abril de 2011

¿Y esa Asamblea qué...?/Fernando Rodríguez jueves 07abr11

Por: Fernando Rodríguez/TalCualDigital
A pesar de las tretas electorales del gobierno siempre maula, que entre otras cosas le permitió ganar la mayoría de las curules con una minoría de votos, las elecciones parlamentarias lograron levantar el ánimo de los opositores, acostumbrados a presenciar el triste espectáculo de las llamadas focas.


Por lo menos habría derecho a pataleo y denuncias y propuestas de leyes ineludibles y hasta diálogo. Más de uno sintió vibrar sus fibras democráticas cuando oyó a Marquina, el día primero, cantarle unas cuantas verdades en la cara a la hasta entonces ociosa y cayapera manada.

Unos meses después esos entusiasmos y expectativas han decaído mucho. El gobierno, que no trabaja sino con planes B cuando los rumbos democráticos le son adversos, ya tenía preparada su respuesta a la novedosa situación de cambiar el monólogo por la controversia. En general, la estrategia era minusvalizar la presencia de la Asamblea en el reino, hacerla anodina, así fuese a costa de perder el poco ruido que hacía en el pasado como coro del Jefe. Lo primero que se le ocurrió fue hacer una ley habilitante, monstruosa figura jurídica que ha alarmado hasta al flemático secretario general de la OEA, y que permitía legislar sin mucha palabrería y sesiones incómodas, que siempre hay un bocón que recoge el bendito canal opositor.

Y, aunque parecía un contrasentido, silenció en buena medida el magno poder cuya función es hablar, parlamentar como su nombre lo indica. Para lo cual hizo un reglamento que reducía sesiones e intervenciones y por ende las posibilidades de ser oídos. Por último, la mayoría le permitía seleccionar los temas y leyes a tratar y excluir los tópicos poco amables al gobierno, como la vuelta del caos eléctrico, el caso Makled, la militarización de la infancia, o excluir saludables leyes destinadas a aliviar las muchas penurias de los venezolanos, para hablar de cosas recientes.

El siniestro operativo ha dado resultados, al menos ya no hablamos mucho de la esperanzadora asamblea plural.

Y es ahora, después de un trimestre, que se ha iniciado la discusión de una ley, la de prisiones. Y de funciones contraloras o tomas de posición ni hablar.

Como quiera que mucho esfuerzo nos costó ese 52% del electorado y más de una esperanza pusimos en la empresa que en algo dignificaría los poderes y su autonomía, es necesario que los parlamentarios encuentren maneras de hacerse sentir. Ya sé que algunos, no todos, suelen acudir a los sitios álgidos de la política de calle. O que otros hablan recio y atinado cuando pueden hacerlo. Pero falta mucho por inventar. Más de una vez hemos sentido la ausencia del bloque parlamentario opositor en diversos asuntos de mucha cuantía. Para lo cual hay que retratarse a menudo en grupo, trazar una política comunicacional contundente, enseñorearse más en los problemas vivos y cotidianos que son tantos, denunciar la ineficacia y la corrupción, prestar oídos al asesoramiento preciso y especializado. No dejarse ganar por la rutina y los hechos cumplidos de un Parlamento que lleva años durmiendo la siesta. Es tarea primordial en la ruta hacia la Arcadia del 2012.

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