jueves, 14 de julio de 2011

La "rendición" de Oriente


Por: Fernando Rodríguez/talCualDigital
Otrora cada vez que había un incendio veraniego en nuestras montañas se acusaba a "manos criminales" de haberlo provocado.


Uno se preguntaba por la finalidad de esa siniestra operación, por ejemplo contra nuestro Ávila amoroso y tutelar, y fantaseaba sobre los malvados que eran capaces de tan gratuito crimen. Hasta donde sabemos nunca aparecieron esas manos piromaníacas y al parecer se desgató el latiguillo con que se justificaba la incapacidad para prevenir y apagar el fuego debidamente.


Algo así nos parece que sucede con los desestabilizadores que andan metidos en cuanta desgracia sucede en nuestro muy desgraciado país de estos años. Siempre hay alguien que desestabiliza las cárceles, la agricultura, los cuarteles, las empresas básicas, la electricidad, las universidades, el miss Venezuela, la vida del presidente... José Vicente Rangel, por ejemplo, se ocupa cada semana de inventar una conjura que supera con creces la del 4 de febrero o la del 11 de abril, por citar dos plastas de diverso signo, como diría Chávez. El imperio es siempre el gran director de la película, asistido por potencias menores y grandes trasnacionales, militares retirados, banqueros y otros exilados, paramilitares colombianos, servicios secretos, políticos locales subidos de tono, líderes sindicales indignados, el pacto de Punto Fijo, estudiantes cabezas calientes. Pero como con las "manos criminales" incendiarias no pasa absolutamente nada: ni presos, ni nombres propios, ni investigación formal, ni, sobre todo, manifestación alguna del siniestro plan.

Sin embargo, la fórmula se repite y cumple su función: la de exculpar al gobierno de los desastres que hace en todos los órdenes de la vida nacional, que son todos.

Como es bien sabido los más visibles operadores de los siniestros designios son los medios de comunicación privados, los que van quedando. Exageran, mienten, asustan, propician, quitan el sueño, agitan. Sobre lo cual, por reiterado y por todos conocidos, no vale la pena insistir.

Acaba de terminar, dicen, la épica batalla del Rodeo. Honor a los vencedores, nuestro gobierno, la gloriosa Guardia Bolivariana, panas de La piedrita, evangélicos y Diosdado Cabello escogido por los pranes como dialogante mayor, cosa curiosa.

El ministro del Interior bramó inmediatamente que no él, encargado de la política carcelaria, sino los medios y la herencia de la cuarta habían sido los culpables. En este caso uno no se explica cómo. La herencia de la cuarta ya la invirtieron hace rato los de la quinta, convirtiendo un no deleznable patrimonio negativo en una inmenso monumento a la ineficiencia, la corrupción y la bipolaridad política. ¿Y los medios? Parece ser que en Globovisión interrogaron a demasiadas madres y esposas angustiadas por sus hijos. El ministro dice que clamaban por una masacre, ¿usted se enteró de eso, minimamente? La verdad es que nunca había resultado tan traída por los pelos la acusación redentora.

Lo que si no se explica es exactamente cómo se llegó a tamaño desgobierno. A que el praner Oriente se rindiera como un mariscal de campo con todo y "por ahora", e hiciera sorna de los vencedores que deberían estar celebrando cono güisqui su victoria "de desgaste", por hambre y oscuridad, que no psicológica, no a lo macho.

Y para colmo, coger luego las de Villadiego, burlando tanto tombo. Esos monstruos son suyos, El Aissaimi, son bolivarianos, del siglo XXI.

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