viernes, 11 de noviembre de 2011

Así son las cosas/Oscar Yanez viernes 11nov11

¡Ese muchacho es el diablo!- sonrió Gómez, tras pasarse la mano por el bigote
OSCAR YANES |  EL UNIVERSAL

En tiempos de Lindbergh
El sábado 28 de enero de 1928, en horas del mediodía, el honorable Cornelius Van H. Engart, Encargado de Negocios de Estados Unidos en Venezuela, recibió en su residencia, en El Paraíso, un cable: "Bogotá, enero 28. Legación Americana. Caracas. Aterrizaré en el campo de aviación de Maracay a las 4 de la tarde de mañana. Antes de aterrizar volaré sobre Caracas. Coronel Lindbergh".

Gómez le alquiló la casa de El Paraíso a la Legación Norteamericana. La gente comenzó a viajar hacia Maracay desde el mismo sábado. La empresa de automóviles 3.085 cobraba cuarenta bolívares por puesto, con retorno. Un escándalo.

Gómez ordenó al Gobernador de Caracas que se reuniera con los banqueros para que sus establecimientos no abrieran el lunes, día señalado para la llegada de Lindbergh a Caracas. La gente pesada comenzó a comprar ropa muy fina, para el suntuoso baile en el Club Paraíso y el almuerzo en el Country.

Lindbergh volaba al mediodía por el Arauca y una tempestad puso en dificultad al aviador, cuyo paso fue señalado a la 1:15 minutos de la tarde por el puerto venezolano de Nutrias. A las 5:35 ya se encontraba sobre Macuto, La Guaira y Maiquetía. En esta población se efectuaba una procesión en la plaza de "El Cristo de Maiquetía". Centenares de personas, que se encontraban allí, comenzaron a gritar: -¡Viva El Águila! -¡Viva El Águila!- Mientras, el Padre Machado no pudo contenerse y gritó: -¡Dios te bendiga, hijo mío! A un cuarto para las 6, Lindbergh volaba sobre Caracas.

En el Nuevo Circo estaba toreando Marcial Lalanda, "la primera figura contemporánea del arte de lidiar reses bravas". El matador, cuando vio el avión, dejó el toro y se fue hacia las tablas; lo mismo hicieron los otros toreros. El "Espíritu de San Luis" viró y volvió de nuevo a pasar sobre el Nuevo Circo, a baja altura.

¡Ole! -exclamaron miles de voces. El toro se quedó solo en el ruedo, pues hasta los toreros seguían con los ojos clavados en el cielo.

En Maracay, Gómez estaba inquieto porque sabía que "El Águila" había tenido problemas en el Arauca, además su hijo Florencio le había dicho que si el aviador tardaba más "tendrá que aterrizar a oscuras, aquí no hay iluminación". Lindbergh no estaba preocupado e hizo unas cuantas maniobras antes de aterrizar. La gente enloqueció cuando vio como casi tocaba el suelo y se remontaba maravillosamente.

-¡Ese muchacho es el diablo!- sonrió Gómez, después de pasarse la mano derecha por el bigote. Tres hijas del Presidente regalaron flores al visitante, y los mamadores de gallo inventaron un cuento que circulo por toda Caracas.

Decían que Lindbergh, al recibir las flores, preguntó: -¿Naturales?- y Gómez, quien escuchaba, se apresuro a decir: -Naturales, pero reconocidas,- pensando que el norteamericano deseaba saber si eran frutos de un matrimonio o de una aventura. Cuando Lindbergh se fue, Gómez le dijo a su hijo Florencio: "Esos aparatos serán terribles en la guerra. Tenemos que comprar dos."

Así son las cosas.

ayanes@cantv.net

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