jueves, 14 de marzo de 2013

¿Político-militar?/Rocío San Miguel jueves 14mar13


El país no puede ser gobernado por un Alto Mando Político-Militar, como se empeña Maduro, incapaz en la sombra de Chávez de asumir la responsabilidad individual de una candidatura presidencial en primera persona

ROCÍO SAN MIGUEL/TalCualDigital

Desde la partida del Presidente Chávez a La Habana, en diciembre de 2012, para nunca más ser visto vivo por los ciudadanos venezolanos, comenzó a mencionarse en las intervenciones de Nicolás Maduro un llamado Alto Mando Político-Militar, que curiosamente no existe en la Constitución o norma alguna de la República.

Un Alto Mando Político - Militar, al que comenzó Maduro a atribuirle desde diciembre mismo las decisiones que se tomaban de carácter político, económico, social y militar en el país.

Un Alto Mando que, conformado básicamente en el ala política por el propio Nicolás Maduro junto a Rafael Ramirez, Jorge Arreaza, Cilia Flores, Elias Jagua y Diosdado Cabello, solo encuentra en el Ala Militar al Mayor General Jacinto Pérez Arcay y al Almirante en Jefe Diego Armado Molero, dos efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana sin ascendente y respeto en la institución.

La idea de un Alto Mando Político-Militar fue el criterio escogido y recomendado por Cuba para hacer frente a los problemas que generó la incapacidad para gobernar del presidente Chávez, inmediata a la operación medica en La Habana en diciembre pasado, que imposibilitó incluso la exposición convaleciente de Chávez ante los medios de comunicación social.

Nació así el Alto Mando Político-Militar como muleta para brindar soporte argumental a la debilidad con que irrumpía Nicolás en el control del poder. Una excusa para evitar atribuir responsabilidades nominalmente sobre las decisiones que se iban tomando sin Chávez.

Una ficción institucional que sonaba "fuerte" y sobre todo que hacía creer que Nicolás contaba con el apoyo de la Fuerza Armada Nacional.

Por lo pronto el Alto Mando Político-Militar de Nicolás, ha puesto en marcha el plan de hacer creer por todos los medios a los seguidores del Presidente fallecido, que la votación del 14 de abril será a favor o en contra de Chávez.

Allí está el desafío de la oposición, en desmon’tar esta treta en los próximo 30 días antes de las elecciones y mostrar claramente la incapacidad de Maduro para gobernar, que en 100 días de ejercicio de la Presidencia efectiva que ha realizado desde la ausencia de Chávez, ha mentido reiteradamente al país, para ganar tiempo a su favor, sobre la situación de un Presidente convaleciente.

Ha aumentado la criminalidad, devaluado el bolívar, profundizado la polarización y autorizado formalmente la intervención de la Fuerza Armada Nacional en campaña electoral.

El país no puede ser gobernado por un Alto Mando Político-­ Militar, como se empeña Maduro, incapaz en la sombra de Chávez de asumir la responsabilidad individual de una candidatura presidencial en primera persona.

El país necesita renovarse en la esperanza del respeto a la Constitución, la reconciliación nacional y la construcción de una nueva identidad nacional auténticamente incluyente sin distingo de posición política, genero, raza o religión.

Una nueva identidad nacional que nos permita la superación definitiva de la pobreza, como proyecto nacional que sin importar el gobierno de turno garantice en la próxima década el ingreso real de Venezuela al siglo XXI en sus oportunidades y desafíos sin demagogia. ¡Y eso está claro, no lo ofrece Maduro!

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