lunes, 1 de agosto de 2011

Caracas la horrible


Por: Fernando Rodríguez/TalCualDigital
Toda ciudad se levanta sobre muchos mitos de sí misma, afirma Sebastián Salazar Bondy. Pero no pretendemos desmitificar nuestra ciudad capital: cuna del Libertador, sucursal del cielo, odalisca rendida, sus techos rojos, el Ávila (o Guaraira Repano,) siempre paternal, Santiago de León, seguid el ejemplo...solo quejarnos de una parte suya, muy extensa e invasiva, que nos hace crujir los huesos y el alma cada día, todos los días y que se parece poco a las verdes colinas las tímidas palomas, sobre todo en esta época de color verde oliva.



Ciudad del miedo se podría llamar también. Desierta antes de medianoche. Más muertos que en Bagdad o en Kabul. El pasante que viene hacia mí puede ser el del revolver o el cuchillo, no el conciudadano, el semejante. Tanto miedo que centenares de miles que en buena medida se van para quitarse el recuerdo del secuestro express, el atraco o la bala perdida que se llevó al hermano. Los turistas se van a otras playas del Caribe que también es nuestro, muy nuestro. Y los medios, por necesidad e interés, multiplicando el efecto aterrante y doliente: es una cosa perfectamente seria una madre que llora en pantalla el hijo único, buen hijo y buen trabajador dice, que lo acribillaron a la salida de la fiesta y pide seguridad, y uno se pregunta ya para qué, señora.


Doce años tiene el gobierno haciendo planes y planes, rehaciendo cuerpos policiales, ocultando cifras, callando el presidente parlanchín para no ensuciarse el verbo con sangre y lágrimas de sangre. Y las cifras contrarrevolucionarias creciendo, doce años creciendo.

El viernes pasado la ciudad se volvió un caos, se reventó de tráfico. Por unos trabajos del metro en la Casanova, pero también por el caos general que nos envuelve: centenares de damnificados que ya no quieren vivir en La Carlota como animales y trancaron la autopista y otros vecinos del Junquito porque le demolieron las casas hicieron lo suyo. Ciudad estacionamiento, de colas que desembocan en otras colas, en las mismas calles de hace lustros y en una revolución comunitaria que le dio por los carros individuales. Sal a la calle cuando no puedas hacer otra cosa. Caracas exhibe sus pobres, no más levantar la vista y toparse con los cerros atestados de miseria, de contrastes con una modernidad a veces demasiado ostentosa. No son dos espacios distintos, son dos eras históricas, dos humanidades. El complejo de culpa siempre teme que los cerros bajen, como ya bajaron una vez. Y la buena conciencia, cuando la hay, no puede celebrar su ciudad por tanto contraste y tanta injusticia hecha espectáculo. Los centenares de miles de millones de dólares, que trajo el crecimiento de otros países, no sirvieron para hacer casas, ni siquiera las que antaño se hacían. A la cultura la asesinaron, farrucos y veterinarios. A las universidades las están demoliendo. La ciencia hay que hacerla artesanalmente, populistamente. Y ya no hay libros. También el espíritu se está exilando o deshaciendo.

Y sin embargo, bella Caracas, no te tenemos sino a ti y por ti seguiremos tocando el arpa con todas las cuerdas de oro.

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